miércoles 11 de enero de 2012

Tal vez
te arriesgas, me dije,
a que se acerque el día en que no puedas reconocerte
en lo que has escrito.
Abandonarás
la sensación de sentirte abandonado,
la inquietud, la prisa
porque vivirás en un tiempo sin tiempo,
es decir, que ya nada importará
y los días no puedan medirse
en relación a hechos
porque ya nada va a hacerte daño.
De este modo,
todo lo que suceda podrá no haber existido
si le arrancamos su tiempo
y le acusamos de ser futuro
o de no ser sino un sueño.
Sería éste un mundo inseguro en el que nada
se percibe realmente
sin los recuerdos
de una vida anterior.

No desees desnudarte del miedo,
la oscuridad,
el rencor, los recuerdos que te arrancan la piel a tiras,
el amor en silencio,
no quieras, en resumen, ser inmortal
pues tal vez un día
ya nada te duela,
no tengas que echarte en cara no haberte quedado
en vez de una noche toda la vida,
no haberte ido a tiempo
de esta ciudad que desearías no haber detestado
y recorrido sobre su superficie húmeda
una noche tras otra.
No quieras para ti nada de esto
o un día cualquiera
no te reconocerás en el espejo y no habrás
aprendido absolutamente nada
de la vida que hayas malgastado.

1 comentarios:

Felipe Díaz-Miranda dijo...

De lo mejor que he leído en mucho tiempo. Y no digo sólo en este blog.