Ha pasado un año
y aún puedo reconocer en el espejo
cómo aparentaba ser
o lo que pensaba. Al parecer, no fue definitivo
que trajese la destrucción a mi vida
motivada por mi propio dolor,
incontenible, que quema como una verdad,
pues, a pesar de todo, el árbol de hoja caduca
se sigue comportando como tal, siguen existiendo los atascos
y los vivos
y siguió pasando el tiempo, una vez hube herido
a quien pude hacerlo, tomado el riesgo
de no regresar a ciertos lugares
que, quién sabe, no existan ya tal vez. Nadie regresa
para cuidar su jardín secreto
una vez que lo ha abandonado y, así, me permito creer
que se han destruido todos los lugares
de los que no me llegan noticias.
Pero ha vuelto
a venir el invierno
y, si quiero encontrar algún lugar
de los que podrían ser ruinas,
podré hacerlo
porque el espacio
es el que era a pesar
de los ojos que lo miran
a través de un tiempo que ya no puede pasar
por aquí, por estas calles
que el invierno ha de abandonar algún día,
de un modo cualquiera,
es decir,
sin venir a insistir
en que una vez
pude sentir algo distinto,
cuando viví
en otro lugar que no era éste
pero se parecía demasiado.
lunes 26 de diciembre de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada