jueves, 14 de mayo de 2015

-No imaginé que el futuro fuese esto.
-¿Y qué esperabas? ¿Gravedad cero, gafas pensantes, máquinas que buscan el amor? El futuro es lo que siempre ha sido: la nueva fachada de la vida corriente.

martes, 4 de noviembre de 2014

Tal vez era la ilusión de aquellos años
o la inocencia o una idea errónea, al menos extraña.
¿Lo que vivíamos,
era la naturaleza de las cosas? ¿Su modo de existir/su reflejo?
O fueron sólo veranos mejores, pienso a veces,
en los que intentamos encender el mar mismo
o lo que quedaba de una noche en un vidrio.
Aquella inquietud, qué fue de ella,
irreductible como era,
juro que no la perdimos en el camino de la lírica.
Como sucedió con casi todo lo demás.

martes, 17 de junio de 2014

No escondo nada.
El que quiera saber
lo que pasa aquí dentro,
lo guardo donde siempre,
a mano en libretas,
debajo de mi cama.

domingo, 4 de mayo de 2014

Sólo la luz me pertenece.
Todo lo demás, lo que tiene a bien reflejar,
no es mío. Lo he hurtado a libros, a filmotecas,
a las pasiones que tienen vida propia.
Termino por sentir como en la ficción;
sueño un arca de animales eléctricos
y acabo dudando de mi naturaleza.
Sufro si me falta la luz suficiente
para alumbrar sus intenciones, su sueño lúcido.
También el deseo de ver es mío.
Ya poseo dos cosas. 
Esta noche soñaré carne,
no será eléctrica.

domingo, 23 de marzo de 2014

No pude protegerme de mi:
lo lamento
pues tampoco quise.

lunes, 10 de marzo de 2014

Parece como si el verano
hubiese llegado por atajos, por caminos que no
suelen frecuentar las estaciones.
Y ya no escribo,
tengo poco que echarme en cara;
si acaso mi indolencia y mi desdén actual
por la lírica. Creo que extravié
la flor de Coleridge.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Para Luis Rosales

No me arrepiento de nada.
Aunque es probable que me haya equivocado
con alguna novia, con muchos amigos,
con ciertos negocios. Que me haya
equivocado de ciudad, de carrera.
Que haya tirado el tiempo y el dinero. 
Hasta que haya dejado escapar
a la mujer de mi vida.

Y si tuviera un hijo al que dejar,
a mis veintitrés años cuatro meses y veinticinco días
recién cumplidos,
unas últimas líneas,
sólo podría invitarle a que se equivocara,
y resumir que hay dos maneras de tomarse la vida.

La primera, sabe
tanto de valentía que no falla. Tiene
por sabia costumbre tomar todas sus decisiones por acertadas. No acostumbra,
a mirar atrás. Responde
solamente a las preguntas con respuesta, y ante notario. No deja
que el corazón le nuble el juicio. Es
dueña de lo que se calla, y hace esclavos con lo que dicen. Olvida
con una prudente facilidad. No entiende
de dudas. No conoce
el azar ni especula. 

La segunda, se mira en el espejo del baño
cada vez que se lava los dientes por la noche,
y recordando por el camino hasta allí todo lo que se ha dejado,
se acuesta martirizándose por haberse equivocado.

sábado, 10 de agosto de 2013

Daydream

No existe en castellano
un verbo que se ocupe del ensueño
y las ensoñaciones. Es, en mi caso,
una paradoja que detiene un Fiat Bravo junto a un casino
a pocos metros de la frontera italiana
y te invita a descender -sin renunciar a la vigilia, a la conversación que
en este momento mantienes sobre tu carrera
o a la atención que le prestas al aperitivo-
por un camino sin luz, entre árboles,
escaleras naturales, parejas perdidas en esa oscuridad
que huele a calor y a esa excitación apacible
a la que llaman ciertos viajes.
Después (entre tanto de este lado llaman un par de amigos
para preguntar qué tal el regreso, ladra un perro, pides un cigarrillo,
te piden el mechero)
terminas por alcanzar la playa de piedras oscuras
en la que unos tipos celebran -imagino-
que la vida es tan brillante como me lo parece a mí en ese momento.
En algún momento
-no sé si antes o después de zambullirme en el agua o hacer el camino de vuelta
a su casa-
algo termina por despistarme, como cuando alguien
te despierta de forma inoportuna
y renuncio a esa expresión tan torpe
de soñar despierto.
Entonces me acuerdo, hace días que no llamas.

lunes, 8 de julio de 2013

Tercer verano del amor

¿Cuándo volverás a tumbarte en mi cama
a decirme maldades que me exciten, a invitarme al pecado
"cuéntame historias", "dame una estadística",
"el jazz es sexy"?
Y yo, qué será de mí sin la electrónica,
cuando a la noche ya no la alumbren luces estroboscópicas
y dejemos de encontrarnos en países que no son el nuestro
y este verano del amor haya durado suficiente.
Imagino que pervivirás, mil veces tú:
celebrando el sol, muerta de miedo en el hospital de Hermannstrasse,
repitiendo, una y otra vez, "el jazz es sexy, tu biblioteca también".

martes, 14 de mayo de 2013

Nada me frustra más
que no reconocer la música que estoy oyendo.
Me sucede a menudo; podría decirse
que vivo frustrado.
En estos casos, es la belleza un bálsamo
sin historia y sin talón de Aquiles,
que emerge y se esconde
para volver a emerger al rato
de una niebla espesa que cubre la memoria.
Me gusta saber si quienes inventaron
lo que contemplo para aliviar la pesadez de la vida
(y contemplé, en otro tiempo, hasta aprender a estar solo),
los madrugones y la necesidad de apostatar de tantas cosas,
fueron tipos sucios y huraños, extraños,
casi autistas, hipocondríacos, morosos
o si, por el contrario, tenían una ocupación
y la atendían limpiamente, formaron una familia,
quisieron a sus hijos y no fueron desheredados
por sus padres.
Se me parece -cuando la sufro- la música sin dueño
a una suerte de locura
en la que los recuerdos, sin nombre ni esencia,
seguirán regresando y existiendo
al margen de mi juicio, a mi pesar.

jueves, 25 de abril de 2013

No dejes de soñar con ríos,
no seas dos veces tú
ni te remanses. Atraviesa tierras
y que unos y otros
te llamen con un nombre diferente
que traiga un significado distinto
pero designe, inequívocamente a la misma cosa.
No dejes de soñar
con que tal vez separarás las tierras que atraviesas
y oirás a un lado y otro lenguas distintas.
Que sea posible bañarse en tu agua
más de una vez -aunque no seas dos veces tú-
y que no se ahoguen los justos
en tu sueño.

domingo, 7 de abril de 2013

Yeni Cami

He vuelto a pensar en la Mezquita Nueva,
he combatido su recuerdo
con lecturas sobre la virtud, el arte,
con ideas sui generis sobre el amor, las drogas
y la política. Mi ideario,
contra el dios de tu esencia,
a cuya belleza e injusticia
no te negaste nunca.
Creo que el tuyo es un dios malvado
en el que crees para evitar corromperte,
para pedir por aquellos de moral laxa,
para sentirte viva. Es un dios al que me enfrentaste,
en los días que siguieron al recuerdo de la Mezquita Nueva.
No quise
la victoria pírrica de tu amor.
Renuncié a ti para no despojarte de tus mitos,
tu explicación del mundo,
y aquello que siempre supe que pensabas: que la verdad
podría alcanzarse y sería sólo una.
Yo persigo quimeras, noches,
mis propias pisadas, a veces,
y sueño que entro a la Mezquita Nueva
y no te cubres el pelo y me dices que él ha muerto.

jueves, 28 de marzo de 2013

Ya no escribo,
tolero bien las malas noticias
y sigo sin soportar la incertidumbre.
Guardo rencor.
Ese es el único motivo
por el que pienso que aún
soy algo de quien fui.
Aunque ya no sueñe el Bósforo
ni beba demasiado
y ni siquiera la nostalgia
sea la que en otro tiempo fue.

jueves, 28 de febrero de 2013

Hay poco que decir sobre tu muerte,
te pudieron los años
como no lo hicieron la guerra, una vida en el campo
(a orillas de aquel río al que, como quisiste,
arrojaron tu ceniza)
o los años nerviosos de mi infancia
que pasaste con nosotros.
No sucedió nada extraordinario,
la tuya no fue la muerte de César.
Hay poco que decir sobre tu muerte,
salvo que hacerte un poema
es tan descortés como no haber acudido a tu funeral;
siempre sería mejor
matar un ternero en tu honor, plantarte un árbol
o desearte suerte en tu viaje por el río.
Terminarás en el mar,
viajarás a donde no pudiste
y volveremos a encontrarnos, aún sin saberla,
en esa otra vida tuya que empieza en un arroyo,
exactamente como la primera.

lunes, 25 de febrero de 2013

Tuve.

Tuve, entre otras convicciones, tu nombre,
tu color de pelo, tu estatura, la forma
que dejaba en mis sábanas tu cintura, e incluso
el olor que ya imponías. Tuve, entre otros descuidos,
la imprudencia de querer muy pronto, de firmar
un cheque en blanco a tus caprichos e incluso
de servir flores a tu portal
cuando me castigaba tu egoísmo.
Tuve, entre otras oportunidades, cartas altas
y buenas manos para esta partida, momentos
para silenciar el corazón con la cabeza,
y maneras de haber escapado con vida.
Ahora me hubiera salido demasiado caro.
Por suerte, tuve la sana inconsciencia
de equivocarme en todo -nunca me hubiera
perdonado haber hecho lo correcto- e intentar
sencillamente, que fuéramos felices.


martes, 19 de febrero de 2013

Kiez

Recuerdas el aire helado que viene del puerto,
ese ir y venir de gente
entre las luces de las salas de juego,
los bares y los cines eróticos,
todo ese alcohol que ves flotar en la niebla
que desahoga -o solía hacerlo-
al que viene de lejos,
hablando su lengua, que nos es, a menudo, inescrutable como un ladrido,
trayendo todo lo que se puede traer a un muelle.
Recuerdas que el Kiez
no te parece un lugar corrompido,
un asentamiento despreciable,
una ciénaga de vicios en una ciudad culta y rica
sino, más bien, una consecuencia natural
de su virtud y su riqueza. Un puerto ofrece
en apenas un par de calles
lo que el mar niega hasta que se interrumpe.
Nada te provoca un desasosiego real, nada salvo las prostitutas
que se ofrecen en los cristales,
como si en vez de un prostíbulo se tratase
de una tienda de mascotas.
Y compruebas con tristeza
que algunos  hombres aún creen
que el amor se puede comprar,
que la pasión se atenúa,
y que ciertos tipos de sed, alguna vez, se sacian.


jueves, 14 de febrero de 2013

Entraremos en el tren que va a Hamburgo
y beberemos en el vagón,
tal vez hasta perder el juicio,
unas botellas de vino que nuestra inconsciencia
habrá traído para nosotros.
Volveremos con fotografías
que miraremos cuando seamos viejos
y Berlín se haya distraído de su caos
y conozca la ley, los horarios y el aburrimiento.
Cuando ya no queden motivos
para volver, para escapar.

sábado, 2 de febrero de 2013

Fritz Meyer Weg.

Cuando vuelvo a aprenderme sin querer,
otra vez y por si acaso, los nombres de otras calles,
el olor de otras aceras, el sonido de otros
pájaros a las seis de la mañana. Cuando me tengo que olvidar
en el mapa, que aún no he colgado en mi cuarto,
dónde tengo las fronteras y me hago ciudadano
ilegitimo, por supuesto, de otra patria.
Y ya van cuatro.
Cuando escribo, mal y tarde, en más idiomas
de los que hablo. Y vuelo más alto de lo que pueden
abatir estas pobre alas. Cuando no entienden de complejos
estas canas que ya tengo, y abarco más de lo que aprieto,
y eso, que callo más de lo que ladro.
Cuando no derramo una sola lágrima vacía
ni dejo pájaro volando. Y  en lugar de soñar,
me tallo a medida los sueños con estas propias manos.
Cuando me sacudo los problemas, que de pronto
ya no tengo, y me he comido,
recuerdo,
que nunca recuerdo agradecer del todo,
lo que vale quien acaba de llegar
y moriré sin que se haya ido.

viernes, 1 de febrero de 2013

Aquella fotografía desapareció
de entre todas las de la Tierra.
Nadie posee un pedazo de aquel pedazo de luz,
que, llegados a este punto,
tal vez pueda
invocar el momento de magia
que invocaba la imagen y reproducía los cuerpos
y de esta manera los corrompía 
y los hacía 
abominables
con su propia existencia.

jueves, 17 de enero de 2013

Spring

Me dices que te vas a quitar,
que no te merece la pena.
Yo pienso que tienes razón
pero soy cualquier cosa
menos un tipo juicioso. Me gusta
el que soy esas noches,
la vida que vivimos la última vez
y estoy dispuesto a consumirme
buscando el arroyo
del que bebimos hasta el amanecer.
Su corriente me arrastrará al fondo, dices,
me arrancará la vida
(porque soy un inconsciente).
Yo pienso que tienes razón
pero no puedo evitarlo:
el sonido del agua me despierta por las noches.